Cambié y cambiaste, auqnue sólo hasta ahí, apenas.
Poco a poco me voy dando cuenta que no sirve de nada estar así. No retrocedo, no avanzo. Estoy.
Ya sé que vos no querés lo mismo. Vos te diste cuenta y jugás conmigo. Pero ¿qué puedo hacer yo? Si me atraés como si fueras mi droga elemental, mi vicio, mi mal, mi bien más preciado. Y aunque quiera terminar, sigo. Soy adicto a tu sustancia. Sigo machacando mi cabeza, creyendo que puede ser posible. Y no es.
Tu miel me empalaga, y ni siquiera te he probado. Tu voz dulce es viscosa y me atrapa. Tu aroma, tu olor, esa esencia me persigue hasta en mis sueños más profundos.
Cuántas veces mis ojos se habrán humedecido por demás al pensarte! Cuántas veces mis ojos habrán rebalsado de tristeza! Cuántas veces mis ojos se habrán mojado al quererte a escondidas, al imaginarme un mundo sin vos. Y ya no estabas.
Veo un espejismo, un engaño, una ilusión: ¿qué es lo que veo?
Y aparecés y desaparecés de a ratos, y yo te hecho de menos.
Si supieras cómo se siente estar al lado tuyo y sentir que no existís, que no se puede, que es imposible. No poder mirarte sin mentirte, sin engañarte, sin poder sambullirme en tu mundo de imposibles. Y así y todo, sigo queriendo ver a un invisible.
Siento que lentamente te voy perdiendo. Te pierdo las pisadas, tus huellas no me guían, y me pierdo.
Cada día que pasa te vas achicando, como si algo o alguien se encargara de hacer lo imposible más imposible.
¿Pero no ves lo que siento? ¿Tan bien lo disimulo? ¿Es tan difícil leerme cuando mis ojos te miran sin mirarte, cuando mi corazón te quiere sin quererte, cuando mi boca te habla sin hablarte, cuando mis oídos te escuchan sin escucharte, cuando tu cuerpo está y está el mío?
Sólo el tiempo podrá responderme. O así como te pierdo y me pierdo, quizás te olvide y me olvides, y las respuestas ya nada cambiarían. Y lo peor de todo (o lo mejor) es que eso es imposible.




