"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."
Neruda, Pablo.
Es verdad, ultimamente he dejado un poco de lado el tema de escribir en el blog, de actualizarlo. No se debe a que no quiera escribir más, o a que desee dejarlo, mejor dicho abandonarlo, sin importarme todo lo que llegó a significar este espacio para mí, más que espacio fue y sigue siendo una oportunidad, oportunidad de desahogarme (ese fue el fin primero), de conocer personas y con ellas sus historias -tan particulares pero a la vez tan similares a la mía-, de aprender, de curiosear, de abrirme a un mundo del que desconocía, o al que por lo menos no me había animado a asomarme siquiera. Todo lo contrario, seguí teniendo hasta ahora la misma necesidad de desahogarme de siempre, nada más que lo hago con alguna que otra persona que nombré en algunos post precedentes, en vez de hacerlo en el blog. Es como que le he perdido el gusto. Pero no sé porqué, hoy tuve ganas de escribir, hoy tuve ganas de recuperar ese no sé qué del publicar lo que pienso, y lo que siento.
Podría hablar sobre algunos viajes que he tenido en estos últimos meses, y de lo mucho que me dejaron como aprendizaje, como buenas experiencias que sé que no voy a olvidar muy facilmente. Podría hablar de las maravillas que tiene lo cotidiano y relatar mi día, que de por sí hoy fue un antes y un después, porque hoy pasé de usar anteojos a usar lentes de contacto, hecho que me produjo y me produce tal sensación, que sonrió a veces sin darme cuenta. O también contar lo cargado (re-cargado) de deberes y tareas y obligaciones, que hacen que tenga ganas de unas vacaciones eternass. Podría hablar de todas las personas que conocí de golpe, de un día para el otro en un crucero hace una semana, cosa increíble, que todavía me cuesta creer,...y es que pasó todo tan rápido. Que se yo!, podría hablar de tantas cosas si quisiera, hasta de las elecciones que se nos vienen encima!.
Sin embargo, a pesar de todo lo bueno y de todo lo malo que a uno le pase, se llega a un punto tal en que uno no sabe. No sabe ni a dónde ir, ni hacia dónde, ni a qué, ni porqué, ni cuándo, ni cómo. Me encuentro tan satisfecho por un lado y tan incómodo por otro. Estoy incompleto. Eso mismo. Siento que me falta algo para terminar de sentirme bien, sea con migo mismo o con los demás. Algo que desde hace rato sé lo que es, y no me animo a aceptar. Me pasa algo terrible, algo como no poder encontrarme a mi mismo, por miedo, por culpa, por vergüenza, por cobardía, tantas son las causas de ese desencuentro, que de tan solo pensarlo me agobia, me atosiga, me abruma. Me angustia esa idea de no poder ser totalmente feliz, sabiendo que la solución está en mis manos y que sólo depende de mí y de nadie más.
Ojalá que, algún día de estos, ineludiblemente, tal como sostiene Neruda, me encuentre a mí mismo, en cualquier lugar, a mi verdadero yo, ese que ahora se escapa, que ahora se esconde, aunque lleve consigo un futuro quizás amargo, quizás feliz. Lo importante es el encuentro. Y yo estoy más perdido que nunca.