28 feb 2008

Comentario de clase

Estábamos en la divertidísima(?) clase de contabilidad (en verdad es divertida porque nosotros la hacemos divertida,..ya le pusimos apodos a las profesoras - ya hay una momia, una que tiene la cara toda baqueteada como si le hubieran martillado la cara con odio, y una cara de lápida que nos da lástima jajja-, jodemos, jaja no me puedo reir tanto estando en la segunda fila!, por favorr) y en unos de esos momentos de cansancio mental, después de que la profe nos volvía a dictar por quinta vez una definición sin que ella lo notara (mi amigo diría..es por la demencia senil,..ya te lo dije! jaj),.. surgió un comentario de un amigo que estaba sentado al lado mío:

Él:- Activo y Pasivo, ¿qué son?
Joaco (lleno de una ingenuidad inimaginable jaj):- son los bienes, derechos y obligaciones que tiene cualquier ente. no sabés? me estas jodiendo.
Él:- No boludo, son dos putos de mierda!

A continuación largué una risa (risita) que no fue para nada coincidente con lo que pensaba en ese momento. No le dí la menor importancia al hecho en sí, porque no valía la pena. Pero qué necesidad de decir eso!
Una demostración más de lo que es fingir ante amigos...


Blackbird



*
All your life / you were only waiting for this moment to arise.*
* Toda tu vida / estuviste sólamente esperando este momento para elevarte.*

26 feb 2008

Quisiera poder escribir esto:

"Me gustaría empaparme de tu dulce sudor tibio, zambullirme en el jugo de tus besos de ensueño. Sentir pausadamente tu aliento a miel y a cosas prohibidas. Pegarme a tu respiración sutilmente entrecortada, callada, tranquila. Acariciarte el alma misma con mis dedos, con mi cuerpo entero, llegando hasta lo más profundo de los latidos. Quisiera empalagarme con tu voz casi cantada, musical; llenarme de largos suspiros húmedos; hundirme en la ternura, la seguridad, la firmeza de tus ojos. Quisiera poder oler esa mezcla rara de aromas de tu piel tan particular y amarte de una vez por todas y para siempre. Sos un mundo nuevo, una satisfacción oculta. El mejor de los deseos."

Quisiera poder escribir eso, o algo por el estilo, más o menos con las mismas palabras, pero con el mismo sentimiento. Sé que no puedo, no debo, pero las ganas me pueden, me resisto y me ganan. Sé que no debo.

Yo me entiendo.


[¡si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata!] Caso, Rubén Darío

19 feb 2008

Chico facultativo (?)

Ya pasaron dos días de haber ingresado definitivamente como alumno regular a la Universidad en la Facultad de Ciencias Económicas y es como si hubieran pasado dos años enteros!.

Se ve que ya me había desacostumbrado demasiado a levantarme temprano, a bañarme adivinando las partes de mi cuerpo por no poder despegar los párpados de mis ojos, a ver el noticiero de las seis o las siete de la mañana!, a tomarme un micro con las primeras luces de la mañana, no no, definitivamente voy a tener que adaptarme, lo más rápido posible. No puede ser que solo hayan pasado dos días y haya cursado tres materias y me sienta cansadísimo!.

No puedo dejar de pensar en la cama, en sábanas y almohadas. Tampoco mi mala y poca predisposición a dormirme temprano no ayuda mucho que digamos. Es que se me hace tan difícil pasar de tener como única ocupación la de imaginar, crear e inventar nuevos modos y técnicas para rasquetear mi cuerpo de todas las maneras que es posible, a tener que estudiar cada día un montón de hojas de fotocopias y libros, perder horas en viajes en micro, en corridas casi desesperadas por los pasillos dando codasos tratando de atravesar mares y mares de gente, en colas interminables para sacar las fotocopias anteriormente nombradas, a tener que almorzar devorando la comida por no haber comido nada en toda la larga mañana más que unos caramelos ácidos todos derretidos por el GRAN calor que hace en todo momento, a tener que pelearme con gente aparentemente útil (hablo del centro de estudiantes je, no he visto tanta ineptitud tan juntaaa en mi vida!), a tener que acordarme números de todo tipo (de aula, de legajo, de capítulo, de fotocopia, de comisión, de código verificador, por nombrar unos pocos solamente), en fin a tener que ocuparme en algo un poco más productivo (un poco bastante diría yo) que lo que hacía en mis (añoradas) vacaciones.

Por lo menos hasta ahora me viene gustando todo lo que he escuchado y leído, es una motivación bastante grande, y espero no perderla por muchos años en adelante. Ahora me veo con algunos amigos del colegio, curso con algunos de ellos, y poco a poco iré haceindo nuevas amistades. Eso sí, hay de todo, para todos los gustos, de todas las clases, tipos y formas imaginables: altos, gordos, teñidos, darks, petisos, chetos, treintañeros, robustos, huecos, musculosos, con anteojos, desubicados, delgados, simpáticos, etcéteras. En general toda la gente va con muy buena predisposición para con los demás, yo me incluyo, y eso da más ganas de conocer cada vez más y más personas. Por ser mi segundo día ya hablé con varias personas que vienen de otras provincias o ciudades y que están experimentando la convivencia con amigos en algún departamentucho del centro o en algunas de esas pensiones para estudiantes que están por toda la ciudad.

Creo que va a ser (y es!) una linda experiencia. Es una etapa de la vida. Y pucha qué etapa eh!


(Me enamoré de esta canción de Tanghetto, y no sé porqué. "Más de lo mismo".)



13 feb 2008

Sobre grises y agridulces.

¿Porqué todo el mundo se empeñará en poner etiquetas?. Si una persona es inteligente o estúpida; si es gay, hétero o bi (dentro del mundillo gay hay un sinfin más); si es amigo o novio; si es grasa o top jej; traga o vago; el mundo está lleno de etiquetas que no sirven para otra cosa que encasillar a la gente en un estereotipo determinado que seguramente no se corresponde ni coincide con cómo es la persona o lo que se trata de etiquetar. No todo es blanco o negro, dulce o salado. Hay grises también, hay agridulces, porqué no?. Las etiquetas hacen que uno deba pensar en "amoldarse" al esteriotipo que le corresponde, y le hace creer a uno que está perdido, que está en el medio de la nada sumido en la incertidumbre misma de lo que se es y lo que no se es.

He llegado a pensar que si uno no se pone ni pone etiquetas, parecería como que no existiera, como si esa persona o esa relación no existiesen. Las etiquetas, aunque nosotros no lo aceptemos o no lo queramos ver, forman y conforman nuestra propia identidad. Entonces ¿qué sos?¿qué somos?¿qué son?. Seguramente la respuesta de muchos será el nombre de una etiqueta, un rótulo por demás gastado y recontrausado. Pero están los otros, esos otros que no son ni esto ni lo otro, capaz porque están en el camino de ser una cosa o la otra, quién sabe. Yo soy uno de ellos, y en muchos aspectos de mi vida.

Pero mientras tanto sería mejor si uno no se atormentase pensando en etiquetas, rótulos y demáses, y pensase, en cambio, en aprovechar el tiempo, sacarle el mayor provecho a las experiencias de cualquier tipo, y si algún día se está dispuesto a soportar el peso de una etiqueta, pues bien, bienvenida sea.

Ya demasiado me he preocupado por saber qué soy, para saber de que lado estoy tirando, si pincho o corto, ya basta de hacerme mala sangre. Mientras tanto que las etiquetas se queden guardadas en un cajón, y que me esperen allí bien cómodas, porque no tengo apuro por sacarlas y usarlas, y ni pienso tenerlo.

12 feb 2008

¿¡Quién dijo!?

Necesito ayuda. Necesito alguien que me levante del piso y que no me deje caer más. Quizas sea yo el problema, lo sé. Todo está dentro de mi. Pero a veces es tan necesaria una ayuda, y yo la necesito.
Estoy harto de llorar por los rincones. Llorar cuando me baño, cuando duermo, cuando escribo, cuando leo, cuando miro. Rompí mi propio record de llanto. Qué más da si es de alegría o de tristeza. Sólo sé que tengo los ojos cansados de llorar.

¿¡Quién dijo que los hombres no lloran!? ¿¡Quién dijo que los hombres no deben llorar!?

8 feb 2008

Ya no más en la memoria.

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Amor 77, J. Cortázar


No pasaron unas cuantas horas y ya sentía el calor de sus labios nuevamente sobre los míos, mi memoria me lo hacía sentir en un intento de volver a recordar el maravilloso día que pasé junto a él. Todo se dio de una manera tan simple y sin ningún aviso. Mis padres se ausentaban por una semana y él y yo sabíamos lo que teníamos que hacer. No había que desaprovechar las oportunidades que no sé quién se encargaba de tirarnos en el camino.

Así fue como en unos minutos ya habíamos arreglado para encontrarnos, esta vez yo oficiando de local. El tiempo caluroso se adelantaba a lo que iba a ser un encuentro inolvidable. Desde los mensajes previos hasta verlo aparecer detrás del tren que se fugaba para dar paso a todo lo que vendría, desde ese último “te voy a extrañar” hasta ese saludo desde la ventanilla del tren que lo alejaría una vez más de mí, sabía que estaba haciendo algo importante. Importante para mí, importante para él, en fin, para nosotros.

Las horas pasaban y cada vez me sentía más a gusto estando con él, caminando (y eso que caminamos bastante), comiendo, compitiendo, jugando, nadando, descansando, mirando tele, conversando, riendo, merendando, durmiendo, despertando. Fue un día que realmente voy a recordar, y que lo guardaré bien adentro mío.

Es increíble cuantas cosas pueden pasar en tan poco tiempo. Una oleada de sentimientos y de sensaciones me recorría por todo el cuerpo en todo momento. Sentirse verdaderamente acompañado es algo que no cambiaría por nada del mundo. Sentir su mirada cómplice posada sobre la mía, su mano tibia acurrucada en mi mano, su respiración suave que acariciaba mi cuello, saborear ese olor tan particular al que ya me tiene acostumbrado, todas cosas que voy a guardar bien dentro mío, no les quepa dudas.

Conversaciones con anécdotas, gustos, cosas intrascendentes, y otras tantas muy importantes, se mezclaban entre caricias y marrullerías, entre sonrisas y una que otra carcajada.

Al revés de cómo yo pensaba el encuentro no me sirvió para aclarar lo que me pasaba, para calamar esa confusión con la que he lidiado durante el inicio de este blog. Fue todo tan raro. Me ayudó a afirmar unas tantas cosas, pero se lo dije, me sentía perdido. Perdido pero acompañado. Así fue como sollozando en su hombro, estando recostados los dos, me desnudé, y no piensen en el sentido vulgar de la palabra, me desnudé por completo, desnudé mi alma. Me mostré vulnerable frente a la persona que quizás más quiero. Por fin no me sentía más solo, sentí que tenía a alguien en el mundo que verdaderamente sabía lo que me pasaba y que estaba ahí para apoyarme. El vacío que sentía por dentro poco a poco se fue llenando, de ilusiones, de esperanzas y expectativas, hasta que se fue llenando poco a poco, ya nomás de pensamientos sino de hechos. Me permití revelarle mi interior esta vez personalmente, y que por fin me diera ese abrazo que antes tanto había querido, esa tranquilidad que tanto necesitaba, ese aliento que de verdad me hacía falta.

Por primera vez sentía que no dormía solo, y se lo dije. Por momentos también sentía que estábamos haciendo algo prohibido, algo a escondidas, evitando cualquier tipo de miradas ajenas. Y eso a la larga molesta. A quién no le gusta demostrar cuánto uno quiere a otra persona cuando verdaderamente siente ganas y no sólo cuando cualquier otra persona que esté a nuestro alrededor no se de cuanta o no esté mirando o escuchando.

Pero sus palabras, sus caricias, sus besos, apaciguaron las aguas, y hasta podría haber calmado tempestades enteras si hubiesen existido. Nuestro calor se confundía con el calor de la noche y no hicimos más que aprovechar el tiempo y desear que ese día, que ese momento no terminara nunca. Jamás.

Es hasta el día de hoy, que no pasaron más que algunas horas, que lo extraño, y que intento imaginar su sonrisa, tratando de dibujarlo en el aire sin conseguirlo. Pero lo que sé es que tengo muy bien guardadas todas esas sensaciones tan lindas que sentí en todo momento y que esto es sólo el comienzo de algo mucho mejor y más grande y más lindo y más dulce.

Hay tantas cosas que uno se las guarda en la memoria, pero definitivamente hay algunas otras (como las que acontecieron en estos días) que uno se las guarda bien adentro, y les hace lugar en el rincón más lindo del corazón.


[Yo te quiero más!]

2 feb 2008

Así estamos ...

El video lo explica mucho mejor...






Hay cada imbécil que piensa cada pelotudés. Además de las cargadas de crónica que las podríamos dejar de lado,..¿¡Cómo vas a decir que es una enfermedad estúpido!, o que por tener otras preferencias se es anormal!, o que por tener sida inevitable e indiscutidamente se es homosexual!? Manga de ignorantes. Sin palabras.