Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Amor 77, J. Cortázar
No pasaron unas cuantas horas y ya sentía el calor de sus labios nuevamente sobre los míos, mi memoria me lo hacía sentir en un intento de volver a recordar el maravilloso día que pasé junto a él. Todo se dio de una manera tan simple y sin ningún aviso. Mis padres se ausentaban por una semana y él y yo sabíamos lo que teníamos que hacer. No había que desaprovechar las oportunidades que no sé quién se encargaba de tirarnos en el camino.
Así fue como en unos minutos ya habíamos arreglado para encontrarnos, esta vez yo oficiando de local. El tiempo caluroso se adelantaba a lo que iba a ser un encuentro inolvidable. Desde los mensajes previos hasta verlo aparecer detrás del tren que se fugaba para dar paso a todo lo que vendría, desde ese último “te voy a extrañar” hasta ese saludo desde la ventanilla del tren que lo alejaría una vez más de mí, sabía que estaba haciendo algo importante. Importante para mí, importante para él, en fin, para nosotros.
Las horas pasaban y cada vez me sentía más a gusto estando con él, caminando (y eso que caminamos bastante), comiendo, compitiendo, jugando, nadando, descansando, mirando tele, conversando, riendo, merendando, durmiendo, despertando. Fue un día que realmente voy a recordar, y que lo guardaré bien adentro mío.
Es increíble cuantas cosas pueden pasar en tan poco tiempo. Una oleada de sentimientos y de sensaciones me recorría por todo el cuerpo en todo momento. Sentirse verdaderamente acompañado es algo que no cambiaría por nada del mundo. Sentir su mirada cómplice posada sobre la mía, su mano tibia acurrucada en mi mano, su respiración suave que acariciaba mi cuello, saborear ese olor tan particular al que ya me tiene acostumbrado, todas cosas que voy a guardar bien dentro mío, no les quepa dudas.
Conversaciones con anécdotas, gustos, cosas intrascendentes, y otras tantas muy importantes, se mezclaban entre caricias y marrullerías, entre sonrisas y una que otra carcajada.
Al revés de cómo yo pensaba el encuentro no me sirvió para aclarar lo que me pasaba, para calamar esa confusión con la que he lidiado durante el inicio de este blog. Fue todo tan raro. Me ayudó a afirmar unas tantas cosas, pero se lo dije, me sentía perdido. Perdido pero acompañado. Así fue como sollozando en su hombro, estando recostados los dos, me desnudé, y no piensen en el sentido vulgar de la palabra, me desnudé por completo, desnudé mi alma. Me mostré vulnerable frente a la persona que quizás más quiero. Por fin no me sentía más solo, sentí que tenía a alguien en el mundo que verdaderamente sabía lo que me pasaba y que estaba ahí para apoyarme. El vacío que sentía por dentro poco a poco se fue llenando, de ilusiones, de esperanzas y expectativas, hasta que se fue llenando poco a poco, ya nomás de pensamientos sino de hechos. Me permití revelarle mi interior esta vez personalmente, y que por fin me diera ese abrazo que antes tanto había querido, esa tranquilidad que tanto necesitaba, ese aliento que de verdad me hacía falta.
Por primera vez sentía que no dormía solo, y se lo dije. Por momentos también sentía que estábamos haciendo algo prohibido, algo a escondidas, evitando cualquier tipo de miradas ajenas. Y eso a la larga molesta. A quién no le gusta demostrar cuánto uno quiere a otra persona cuando verdaderamente siente ganas y no sólo cuando cualquier otra persona que esté a nuestro alrededor no se de cuanta o no esté mirando o escuchando.
Pero sus palabras, sus caricias, sus besos, apaciguaron las aguas, y hasta podría haber calmado tempestades enteras si hubiesen existido. Nuestro calor se confundía con el calor de la noche y no hicimos más que aprovechar el tiempo y desear que ese día, que ese momento no terminara nunca. Jamás.
Es hasta el día de hoy, que no pasaron más que algunas horas, que lo extraño, y que intento imaginar su sonrisa, tratando de dibujarlo en el aire sin conseguirlo. Pero lo que sé es que tengo muy bien guardadas todas esas sensaciones tan lindas que sentí en todo momento y que esto es sólo el comienzo de algo mucho mejor y más grande y más lindo y más dulce.
Hay tantas cosas que uno se las guarda en la memoria, pero definitivamente hay algunas otras (como las que acontecieron en estos días) que uno se las guarda bien adentro, y les hace lugar en el rincón más lindo del corazón.
[Yo te quiero más!]