No veía la hora de que llegaran estas tan esperadas y ansiadas mini-vacaciones, para tratar de desocuparme un poco, dormir por lo menos ocho horas corridas, descansar, relajarme y porqué no divertirme. Aunque todo tiene su precio. La semana que viene me espera nada más y nada menos que con parciales, juntadas para hacer trabajos prácticos y estudio (más estudio).
Durantes estas semanas algo mío cambió. El último post, que verdaderamente no esperaba que tuviera tanta repercusión ni que varias personas se sintieran identificadas conmigo o con lo escrito, junto con todos los comentarios, me hizo pensar y repensar muchas cosas que no me animaba o no tenía ganas de sacar a la luz. Una de esas cosas es mi autoestima, mi amor propio, esa imagen que yo tengo de mi mismo. En estos últimos tiempos descubrí que mi autoestima no es muy buena que digamos, como consecuencia de muchos factores que vienen desde chiquito y por algunas frustraciones del presente.
Cuando tenía unos pocos años yo era el típico chico a quien todos molestaban, o ponían sobrenombres, y yo sin hacer nada porque tenía la equivocada percepción de que si reaccionaba todos se iban a enojar conmigo y por lo tanto me iba a quedar sin amigos. Pensándolo bien es verdad que los chicos suelen ser tan crueles. Eran días en que llegaba a casa con la cara triste después del colegio y me descargaba con las personas incorrectas, con aquellas que no se lo merecían, y obviamente con migo mismo. Por eso mismo me avoqué a los estudios, a ser más aplicado, hecho del que simepre me sentí orgulloso, pero a la hora de pesar en la balanza no sé si le he dado mucha importancia que digamos. A medida que fui creciendo y madurando, las cosas fueron cambiando. Parecía como si la mayoría hubiesen comprendido que yo no servía más que para divertirse a costa de mi persona, y que habían descubierto que yo podía dar mucho más que sólo eso. Igualmente me sentía varias veces no tenido en cuenta, dejado de lado, y hasta a veces volvían con la discriminación y los apodos. No hace falta aclarar que todo lo que ya había vivido había cavado dentro de mi un pozo profundo y se había hecho un lugar haciendo mella en mi autoestima.
Cuando me vine a vivir a La Plata, hace cuatro años, estuve totalmente dispuesto a cambiar todo eso, esas cosas feas que de algún modo me habían marcado. Ahora ya no me dejaría pasar por encima, ni pisotear, o por lo menos no me quedaría con los brazos cruzados haciendo como si nada. Pero volvió a ocurrir, fue como si tuviera un imán para ese tipo de personas que sólo se acercan por interés y que lo toman a uno como centro de todas las bromas cuando ya no hay nada más que decir. Traté de cambiar de amistades, pero siempre están esas personas que se aprovechan del "bueno", sumando la envidia de la mayoría que, como he dicho en este blog, hacía que intentaran tirarme abajo, o de no dejarme ser feliz.
Tambien algo que no contribuyó en nada a fortalecer mi autoestima fue el tma de mi sexualidad, sumandolé el tema de la llegada de enamoramientos no correspondidos. Nunca tuve un amor que me sea completamente correspondido, y esa es una de mis grandes frustraciones. Y esa cuestión me hizo y me hace pensar miles de posibilidades en las que mi propia persona entra en juego. Entran mis capacidades, mi características, mi personalidad, mi sexualidad, un montón de cosas que hacen que ponga en duda si yo tengo la misma posibilidad que todos los demás de ser querido, o de atraer a alguien, o de por lo menos enamorar a una persona. Ahí está el punto. No me creía capaz de gustarle a los demás, y no sólo en el amor sino también en la amistad. Aunque siempre digo que todo el mundo me ve más como un buen amigo que como algo más.
Durantes estas semanas algo mío cambió. No digo que haya cambiado totalmente, pero por lo menos es un cambio importante porque lo alcanzo a notar, lo percibo, pero como todo, lo siento efímero, pasajero. Siento yo puedo al igual que los demás, que nosy ni menos ni más que nadie. Tengo lamisma oportunidad que todos de tener buenos amigos y de enamorarme y de enamorar, de querer y que me quieran. Aunque hay una piedra entorpeciéndolo todo, que es mi sexualidad. He tratado de correr esa piedra de mi camino, pero parece ser tan pesada que no he podido moverla más que unos pocos centímetros, lo que no me deja otra opción que intentar romperla de a poco, con esfuerzo, e ir haciéndola cada vez más chiquita hasta que no sea más un problema y termine siendo una piedrita para llevar en el bolsillo.
Últimamente, cuando mi autoestima está por flaquear, en mi cabeza aparece una sola frase: "quien no me quiso, quien no me aceptó, quien no me eligió, no supo saber lo que se estaba perdiendo". Sueno soberbio en demasía, aunque yo no soy así, para nada, ...a veces hace bien pensar que uno no perdió nada si aquel que resultaba ser el deseo de amistad o de cariño no supo ver ni apreciar todo lo que uno es capaz de dar o lo que uno es, sino que el otro es el que terminó perdiendo.
En fin, él se lo pierde.