Rufus Wainwright - Cigarettes and Chocolate Milk
Hoy es un día muy especial para una persona a la que quiero mucho, y por ende también es especial para mí. Hoy esa persona cumple nada más ni nada menos que dieciocho años, y aunque parezca poco para algunos, desde mi perspectiva y desde esta altura de la vida puedo decir que son bastantes más de los que cualquiera podría llegar a pensar, sobre todo si uno considera todo lo que se afronta en esos años, y especialmente todo lo que ha vivido esa persona a la que indefectiblemente van dedicadas todas estas palabras, que no intentan más que expresar del mejor modo todo lo que siento.
Hay veces que no logro encontrar el verdadero momentos para decir ciertas cosas, esas cosas que verdaderamente valen, esas cosas que no son meros relatos de cotidianidades o de hechos superficiales o intrascendentes, esas cosas que cuestan decir si se las dicen con sinceridad o con la más fuerte de las convicciones; pero creo que hoy es uno de esos momentos para decir esas cuantas cosas que a veces (ya sea por falta de tiempo o por vergüenza o simplemente porque no se dio o no fue el momento indicado) no dije, no lo hice saber ni me animé a hacerlo. La verdad es que esa persona se ha ganado un gran espacio dentro de mí, no se muy bien cómo ni porqué, pero es un hecho, ya es parte de mí, forma parte de mi vida.
Una vez me dijeron que las relaciones entre las personas se dan de un modo un tanto particular, como si fueran un espejo: sólo si somos capaces de reconocernos en ese espejo se establecerá una relación con esa persona, ya sea de aceptación o de rechazo. Y así comenzó todo. Fue verme reflejado en otra persona, en otro cuerpo, tal como si fuese un espejo y pudiera verme al asomarme un poco; muchas cosas en común, muchas situaciones parecidas, demasiadas coincidencias, dos historias distintas pero iguales al fin. Nunca pensé que esa persona que me dejó alguna vez en este mismo blog un comentario aparentemente despojado de toda esperanza, llegaría a ser tan importante y especial para mí,..ni pensar que al responderlo iniciaría una gran amistad con alguien que muy poco tiempo después alcanzaría a formar parte de mi vida, de mis sentimientos, mis decisiones, mis emociones y mis pensamientos.
Hemos recorrido grandes distancias (gigantescas!) desde ese primer contacto virtual, ni qué decir del primer encuentro. Hemos crecido, avanzado, madurado, progresado… si quisiera resumirlo en una sola palabra tendría que usar “cambio”, porque en realidad eso es lo que nos ha ocurrido, hemos cambiado, pero no de una manera común o sin sentido, lo mejor de todo es que cambiamos juntos. No hace falta que me ponga a recordar y traer a mi memoria todas las cosas por las que hemos tenido que pasar, porque han sido muchas. Desde cosas lindas, como los encuentros en nuestra esquina, el primer beso y el primer abrazo, ese día en citybell, los mails (regadores de plantas), las llamadas, lo de “amigo confidente :D”, los mensajes, un par de películas, el primer ‘te quiero’ (y pucha..cómo costó eso eh!), las larguísimas conversaciones hasta pasada la madrugada, la creación de un blog, entre muchas otras cosas más que recuerdo mirando algunos rincones de mi casa, un montón de pasajes de micro escondidos entre las páginas de un libro, boletos amontonados, tickets, alguna que otra foto o un video y hasta unas (muy buenas) antiparras, o escuchando esas canciones que me traen tan lindas sensaciones. Hasta esas cosas no tan buenas y que supieron terminar alguna vez en llantos desolados, en preguntas sin respuestas, alguna que otra semana (desesperante) sin hablar. Es cierto, hemos pasado por las más impensadas situaciones, y por los más reconfortantes momentos, y si es que no hemos pasado por todo, estuvimos y estamos muy cerca de hacerlo.
¡Sólo son sus primeros dieciocho años! ¡Imagínense cuántas cosas le faltan por vivir, cuántas otras por sentir y dejar de sentir! Muchas. He tenido la suerte de haber podido acompañarlo en estos últimos meses, aunque me hubiese gustado haber podido hacerlo desde mucho antes, pero algo es algo, y no saben lo feliz que me siento de que al menos lo haya encontrado, y que haya vivido estos meses junto a él y que esté ahí y que hoy pueda estar escribiendo cosas que hace mucho no hacía. Muy pocas veces me topé con alguien así, que me permitió desde el primer momento poder sentir esa complicidad infantil y esa enorme confianza siempre tan necesaria, alguien que me abriera su corazón y me dejara entrar sin problemas, sin condiciones, sin límite alguno, y que por sobre todas las cosas me dejara conocerlo tal cual es, sin máscaras, sin ningún tipo de disfraz o mentiras. ¿Será por eso que lo quiero tanto? ¿¡Será por eso que hoy tengo unas ganas terribles de correr hasta su casa o hasta donde cuernos esté y darle el abrazo más grande y más fuerte que pueda dar!?
En fin, con él viví muchísimas cosas que sin lugar a duda recordaré por siempre, porque junto a él pude aprender, y crecer, y no sólo conocerlo a él, sino conocerme a mi mismo.
Muchas veces me he sentido solo, sin nadie en quien contar, y él fue la única persona que me ayudó y me levantó; muchas veces me he sentido perdido, sin saber hacia donde mirar ni dirigirme, y él estuvo ahí para darme ese abrazo, para darme ánimos y decirme que sí se puede; muchas veces he estado muy confundido y él fue quien me dijo que la paciencia y el optimismo son la clave del asunto. No sé qué hubiese sido de mí si no nos hubiésemos encontrado, ¡ni se me ocurre pensar cuál sería mi estado físico-mental!
Capaz él siga sin darse cuenta todo lo que significa para mí. Es una persona muy importante porque me marcó, porque supo ser una gran bisagra en mi vida que me hizo abrir los ojos y cambiar mi forma de mirar las cosas, de pensarlas, de rebuscarlas, y que aún hoy me desempaña la vista y me muestra otros caminos, otras formas, otros matices que antes no conocía. Quiero que sepa que, aunque a veces parece que la distancia nos juega en contra, y que algunas veces no podamos vernos todo lo que quisiéramos ni hablar todo lo que podríamos estando cerca, yo lo sigo queriendo como el primer día, y lo sigo extrañando tanto como aquellas veces, y que por más que cambie y dé mil y una vueltas por esta montaña rusa que llamamos ‘vida’, mi amistad va a seguir estando allí, latente, para lo que necesite, cuando lo necesite, y sobre todo, para seguir creciendo y cambiando juntos.
Espero que estos años que vienen no le traigan más que conteineres repletos y rebosantes de felicidad (aunque siempre viene bien un poco de lo otro, para caerse y aprender de los raspones y algún que otro machucón, o no? ;) ), y espero estar ahí también para seguir conociéndolo (aunque creo que lo conozco demasiado mucho, pero es verdad que al fin y al cabo uno nunca termina de conocer a las personas) y así poder compartir cada uno de esos momentos junto a él.
Acá estaré siempre amigo. Desde este lado de la pantalla y desde alguna carta perdida por ahí, te deseo ¡MUY FELICES DIECIOCHO! y MUY FELÍZ CUMPLEAÑOS PEDRETEEE!!! fuera de joda,.. DE TOOOOODO CORAZÓN.
Ahora quiero que leas algo que escribió Borges, un experto en explicar cosas que son tan difíciles de explicar, y que hace mucho quería dedicárselo a alguien, y a quién más sino a vos! (sí, a vos Pedro,..a vos, a vos!)
Carta a un amigo
No puedo darte soluciones para todos los problemas de tu vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores; pero puedo escucharte y buscarlas junto contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro; pero cuando me necesites estaré junto a ti. No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos; pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz. No juzgo las decisiones que tomas en la vida. Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar; pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer. No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón; pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo. No puedo decirte quién eres, ni quién deberías ser. Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo. En estos días oré por ti. En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas. Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba. Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran. Es lo que siento por todos ellos. Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme. Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos; sea en la alegría o sea en la serenidad.
En estos días pensé en mis amigos y amigas y entre ellos, apareciste tú. No estabas arriba, ni abajo, ni en medio. No encabezabas ni concluías la lista. No eras el número uno, ni el número final. Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad que transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida. Yo tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista. Basta que me quieras como amigo.
Entonces entendí que realmente somos amigos. Hice lo que todo amigo; oré, y le agradecí a Dios que me haya dado la oportunidad de tener un amigo como tú. Era una oración de gratitud, porque tú le has dado valor a mi vida.
Jorge L. Borges
Espero que te entre bien en la cabeza todo esto,...digo, por si alguna vez se te ocurre decir que estás solo eh.
Para vos…mi mejor amigo, mi amigo confidente. Y no me despido por la simple razón de que no me gustan las despedidas, y porque no hace falta, porque aunque a veces no lo parezca, estoy y estaré ahí, pase lo que pase, sea lo que sea, acompañándote siempre. Juntos.
de todo corazón,
Joaco.