Leer palabras pasadas de una persona que ha crecido tanto en estos últimos tiempos hizo que me embargara una sensación tanto de orgullo como de un insípido dejo de amargura desesperante. Desesperante porque es inevitable verme reflejado en esa persona y percibo que realmente hemos tomando mucha distancia desde esa época.
Todavía sigo debatiéndome entre el bien y el mal. Y no bromeo con eso, ni mucho menos. Ciertamente me debato entre el bien y el mal, porque, créanlo o no, hay veces que me sobreviene pensar que lo que siento está mal, no es ético, ni moral, ni normal. Ya van casi dos años desde que abrí el blog con la esperanza de conocer muchas personas que me permitieran descubrir aquel otro mundo y aclarar mis dudas, sobre todo esa ‘confusión’ de la que me he dado el gusto de mostrar sus lados más tristes como aquellos más indiferentes o insólitos. En todo caso era un medio para desahogarme, de pincharme la cabeza y dejar escurrir mis ideas, mis creencias y pensamientos.
Lamento decir que sigo en la misma. Muchos dirán que, aunque no se note, uno crece con el tiempo y hay muchas cosas que saben madurar por dentro y que resultan imperceptibles a simple vista, pero que están y existen. Quizás crecí en muchos aspectos (de eso tampoco estoy muy seguro), o estoy mejor (que consuelo!) que antes, pero tengo LOS MISMOS miedos que antaño, las mismas preocupaciones con las que di origen a este espacio, tal vez algunas más atenuadas que otras, porque me permití conocer ese otro mundo que me era totalmente desconocido y que ahora ya no lo es tanto.
Ese otro mundo me intriga y me aterra. Ese mundo, que en un primer momento parece diferente al de cualquier otro, lo constituyen muchísimas personas y está lleno de diversas experiencias, de ensayos, de aprendizajes. Hay tantos casos diferentes que resulta difícil tener la certeza o la convicción de que vivir en ese otro mundo va a ser de tal o cual manera. Uno puede tener un modelo a seguir, pero tarde o temprano uno se dará cuenta de que de nada vale seguir o aspirar a vivir como alguien que en el fondo lo ha hecho en condiciones o en un contexto diferente y quizás mucho más prometedor.
Si fuera tan fácil saber lo que me espera del otro lado tendría la oportunidad de elegir entre una cosa y la otra, tendría la opción de seguir por este u otro camino; pero no, esto es tirarse a la pileta sin ver si está llena o vacía, o en todo caso es elegir entre lo que ya conozco y la nada misma, o, mejor dicho, entre este mundo y aquel otro que sólo conozco a través de mis prejuicios.
Me resulta tan difícil decidirme porque la decisión es difícil en sí misma, o bien porque es importante, sino la más importante que pueda existir. Estoy eligiendo cómo vivir, cómo quiero vivir y, de hecho, cómo viviré, y no si voy a ponerle mermelada o dulce de leche a la tostada. Me resulta difícil, como a otros les resultan difíciles otras cosas, porque existe el miedo a lo desconocido, y con él el miedo a que el otro lado, el otro mundo no sea ni tan lindo ni mejor que éste, con el agravante de que una vez pasada la frontera no hay vuelta atrás ni posibilidad alguna de arrepentimiento.
Es cierto que tal mundo no existe, el mundo es uno para mí, para él y para todos, y sin embargo pareciera ser que cada uno vive su propio mundo. Yo debería vivir el mío, pero como acabo de decir, todos vivimos nuestro propio mundo pero formamos parte de un todo mucho más grande que nos engloba y que nos hace pensar que es imposible hacer lo que uno quiere sin repercutir en todos los demás. Pero, en un caso extremo, supongamos que no me interese en lo más mínimo el mundo de los demás ni como repercuto en ellos, yo temo por mi propio mundo, por mi propia vida, por mi propio futuro.
Hay gente que cree que uno vive así porque prefiere caretearla, jugando a dos puntas y ver hasta donde llega. Todo lo contrario, me duele estar en esa situación. Me duele no poder ser sincero con los míos. Me duele no sentir realmente qué es lo que me gusta, y qué es lo que quiero.
He conocido gente que se ha tirado a la pileta y la ha encontrado vacía. No quiero eso. Definitivamente, tampoco quiero esto.