Tengo ganas de escribir un poco. Quizás me sirva para ordenar todo cuanto ande suelto en mi cabeza y saber qué es lo que me pasa.
Hay alguien ahí, titilando en el espacio de las posibilidades. Es muy raro lo que sucede. A mi me gusta mucho esa persona, pero hay algo raro. Quiere verme. Eso no es lo raro, pero quiere verme, o al menos juntarse conmigo. Es raro porque, aunque me gusta, no siento ni la necesidad ni el impulso de hacer cosas que en otras circunstancias haría en la misma situación que estoy ahora. Por eso tengo un mal presentimiento, la intuición esta vez no me ha dado buenas noticias.
No quiero sumar una frustración más a la lista. No quiero pensar ‘lo arruinaste una vez más che’. Ya empezaría a preocuparme, y por cierto, empezar el año con preocupaciones nuevas y con disgustos no es algo deseable en lo más mínimo. Me hace falta un poco más de confianza, ustedes saben, eso que hace que uno deje de preocuparse por lo que piensen los demás de uno, o si les caeré bien a las personas. Muy rara vez me ha sucedido esto. Generalmente me animo y dejo echado a la suerte todo aquello que pudiese ocurrir a partir del momento en que me animo. Pero este es un caso especial, específico. No se trata ni de hacer amigos, ni de conocer compañeros, ni de ninguna entrevista; ¡es alguien del espacio de las posibilidades! Eso no pasa muy a menudo. Cuando pasó me animé, y todo salió como salió. Cuando volvió a pasar tomé un poco más de recaudos y todo quedó allí, en la nada. Ahora cuando creo que ha vuelto a pasar, y es lo suficientemente interesante e importante para que esté escribiendo todo esto, mi confianza no me responde, hay alguna interferencia, hay un desgaste y un cierto maltrato que ella no ha podido ni hacer frente ni soportar. Débil ahora tiene que salir nuevamente al ruedo y darme ánimos, o algún tipo de fuerza extraña que me haga creer en mi mismo. Que se puede. Que yo puedo también.
Todo esto es muy raro. Todas las condiciones están dadas. Habría que alimentar un poco con leña, o tal vez habría que sacar la artillería pesada. No quiero ser ni desmedido ni un amarrete de sentimientos. Tampoco parecer un desesperado, y menos un desinteresado. Quiero medirme en mis respuestas, en mis próximos pasos. En fin, quiero que por una vez en la vida todo salga bien.
No quiero arruinarlo todo.
Lo peor de esto es que muchas cosas no dependen de mí; y ésta, en gran parte, es una de ellas.