Ocasos. Acabamientos varios.
Y después, quién sabe el después del después.
Intentos furtivos a la madrugada de encontrar respuestas, tratando de saltear el alba.
Siempre hay finales para todo, aunque algunos se prolongan más de la cuenta y uno se olvida de darle fin a las cosas. Ya no estoy para este tipo de cotidianeidad intrascendente, de rutinas insensatas, y de llantos agónicos a la medianoche. Ya estoy llegando (si ya no llegué) al punto en el cual me es necesario poner un freno a tantos sinsabores. Si soy sincero, no sé si estoy haciendo bien, pero la esperanza, las ansias y las ganas de empezar algo nuevo hacen que los miedos se derritan. Hoy valen más el deseo y el apetito por cambiar, por un ‘volver a empezar’, por un ‘borrón y cuenta nueva’, que el miedo al futuro y la culpa por el pasado.
Hay algo dando vueltas por el aire que me hace saber que este año va a ser diferente a todos los anteriores, plagados de angustias atragantadas y malhumores pasajeros. Esos años llenos de conformismo y de oportunidades perdidas. Todavía siento el peso de aquellos años, el peso de una máscara que no sólo les ocultaba a los demás mis verdaderos sentimientos, sino que incluso, a veces, yo también me la creía, a mí también me engañaba. Siempre pretendiendo ser alguien que no soy, creyendo que todo está bien. Una cosa más para agregar a la lista de los ‘no quiero’.
Meses antes las ganas estaban, pero faltaba voluntad. Poco a poco, día a día, voy construyendo puentes entre lo que deseo y lo que hago, y es seguro que voy a necesitar de alguna mano amiga para ayudarme no sólo a poner y apilar los ladrillos, sino a mantenerlos en pie. Quizás esa ayuda siempre estuvo, que yo la aprovechara, que yo me animara a que me ayuden, a que todo surtiera efecto en mí, es otra cosa.
No sé si es por fuerza del cansancio y del hartazgo, pero me siento un poco más fuerte. Es cierto, las paredes aún tiemblan. Algunos saben que me cuesta mucho hablar de estos temas, es como explorarse y darse cuenta cuán auto-engañado uno está, como si uno reconociera sus puntos débiles, como si te deshicieras del peso de la máscara. Curiosamente eso cuesta, porque muy en el fondo duele ver las propias miserias.
Más allá de eso quisiera dejar por sentado mis ganas de ser alguien nuevo. Auténtico. Dejar de lado el dramatismo, el pesimismo y hacerme cargo de las cosas. Dar un punto final a las quejas inservibles, y a los pensamientos rebuscados que tratan de justificar situaciones que nunca le hicieron bien a nadie.
Lo acepto, tengo un largo camino que recorrer todavía, muchas cosas y situaciones que superar, pero yo sé que este año será diferente. Me encargaré de que así sea.



