29 jul 2008

oh yeah


Eran las ocho menos cuarto de la noche y yo estaba parado en una larga fila esperando un micro atrasado en la Terminal de Ómnibus de Retiro, creyendo que me quedaba, al igual que muchas de las personas que en ese momento, ya sea sentadas en el suelo, o sobre sus bolsos o simplemente cruzadas de brazos, estaban atentas a la ‘inminente’ llegada de de algún rodado en el andén número dos.

Previamente había estado a las corridas entre la muchedumbre que se comportaba como una colonia de hormigas drogadas, sobre todo a la salida del subte, era como si todos buscaran el mínimo resquicio o grieta para escapar o intentar llegar a tiempo a algún lugar, y yo subiendo escaleras mecánicas, pasando pasillos, cruzando calles, bordeando estaciones, enviciándome con el aroma a fritura barata de los puestos de comidas al paso, llevándome gente y equipajes por delante, evadiendo a los folleteros y a los vendedores ambulantes (tanto que uno osó detenerme con el puño de su mano, quien recibió un rápido empujón y una actitud claramente indiferente), caminando casi a trote hasta llegar a la santísima Terminal.

De santísima no tenía nada, colmada de gente hasta la mismísima saturación intenté abrirme paso tratando de alcanzar la escalera mecánica que lleva al segundo piso para sacar el boleto. No sé si me pasa solo a mí, pero cuando estoy apurado y tengo que caminar rápido, es como si la gente se diera cuenta y se interpusiera delante de mí, justo en el medio de mi fucking camino, y empezara a caminar muy lento, sin dejarme pasar. La escalera mecánica ascendente estaba clausurada, tuve que rodear todo el patio de comidas y subir por la otra escalera, lo que hice en un tiempo tan largo que la gente que se me interponía hubiese merecido la mayor de los reconocimientos y el mejor premio a la molestia del año. Saqué un boleto a La Plata por autopista, porque supuestamente es más rápido y en cuanto pude (justo se me rompió el cierre de la billetera y todas las monedas cayeron inoportunamente al suelo, teniendo que levantarlas varias veces, ayudado por el muchacho que estaba por detrás de mí esperando comprar su boleto, y que después terminó delante de mí en la fila para esperar el micro ¬¬) me dirigí directamente a los andenes de la terminal. Estaba tan apurado que no me había dado cuenta que de la puerta que daba hacia afuera, donde se encontraban los andenes, salía una larga fila a la que ni siquiera podía divisar el final de la misma, y como un acto reflejo me dirigí hacia uno de los esperadores y pregunté la pregunta más obvia que podía hacer,…y sí, era la fila del andén dos aguardando la llegada de la Costera. Para asegurarme pregunté tres veces más a medida que iba caminando bordeando la fila, mucha cara de cansado, de hartazgo, de calentura amenazante, de impaciencia y muy pocas de tranquilidad. Yo no era la excepción. Eran metros y metros de gente esperando la Costera a La Plata, y ya en la fila me enteré por las quejas de las señoras de adelante que había una hora y media de retraso y que seguramente el problema era por el reciente paro de colectivos en contra de la inseguridad. Escuché eso y ahí sí, empecé a transpirar. Lo peor de todo es que no podía decirles nada a mis viejos, había mentido y tenía que arreglármelas solo. Mientras tanto las personas seguían llegando y completando la larga hilera humana que cada vez se hacía más y más extensa; no faltaron tampoco aquellas que, como yo había hecho hace unos minutos, se pararon para preguntarme con cara de asombro si la fila correspondía a la Costera, SÍ SEÑORA, INCREÍBLEMENTE SÍ.

No sabía que hacer, nadie sabía! Y el tiempo pasaba y todos nerviosos, todos criticando, quejándonos, gruñendo, gritoneando; encima atrás tenía a dos mujeres con un par de críos insoportables y los retaban y regañaban, mientras que la parejita ‘feliz’ que se encontraba detrás de ellos empezaba a desesperarse, ya era la cuarta vez que la chica mandaba a su novio a preguntar en informes qué diablos pasaba, y volvía con datos confusos, que el último micro del día ya tendría que haber llegado, que nadie sabía nada, que había una demora en la autopista o en la entrada a Retiro, que era mejor tomar el Plaza en la calle, que en la boletería no le solucionaban nada.

En fin, lo único que tenía que hacer era esperar y eso hice. Pasaron cuarenta y cinco minutos antes de que llegara la tan esperada Costera. No era por autopista, había quedado en la mitad de la fila y aunque no me correspondía me colé así como si nada, desvergonzadamente, y preguntándole al chofer si podía subirme me subí y como no había asiento viajé parado. Varios más cometieron el ilícito, así que no era el único parado en el pasillo entre los asientos; no faltaron las quejas de las señoras grandes ni las risas de la pareja de al lado. Tranquilo, me acomodé en un brazo de un asiento, me saqué la campera y el buzo, la calefacción estaba al mango y el calor humano se hacía notar terriblemente, y saqué un libro para leer.

Como siempre, todo no podía terminar así, tan ‘felizmente’, en la mitad del viaje frenaron al chofer para hacerle un test de alcoholemia, o sea…NOS ESTABAN TOMANDO EL PELO O QUÉ!, lo único que nos faltaba era que el que conducía el micro fuese alcohólico y les aseguro que esa misma noche hacía una fiesta y todo. Por suerte le dio negativo, y seguimos con el viaje.

El ingenuo que piense que esto termina acá, se equivoca de una manera… No habían pasado ni veinte minutos que el micro frenó con todas las fuerzas y todos los que estábamos parados quedamos volteados en el piso y los que estaban en los asientos se sacudieron como electrocutados. Sí, esa fue mi noche muchachos!,..el micro había chocado, y no hubo persona que no se acordara de algún familiar del queridísimo chofer, o de los chicos del gremio jej. Por suerte no hubo ningún herido, pero [no me voy a quejar más pe, te lo aseguro jaj] porqué tenía que ser ese día, y porqué esa noche! Al final, mucha gente se indignó y se bajó del micro porque subió un tipo ofreciendo un viaje directo a La Plata. Yo no estaba para irme con un desconocido así que aproveché y tomé un asiento, y esperé (NUEVAMENTE) que todo se arreglara y emprendiéramos viaje.

Llegué a la parada y bajé fundido, no había ningún taxi a la vista, tuve que caminar veinticinco cuadras (confieso que diez las pasé corriendo, quería llegar a mi casa!) y por suerte (suerte??! de qué hablo!) tomé el último micro que estaba en servicio antes de que lo cortaran, y llegué, ...vivo, a mi dulce hogar.

Una vuelta a casa para el olvido (o para el recuerdo?). Una vez más, la suerte me acompaña (sarcasmo al máximo, oh yeah).

28 jul 2008

BUENOS AIRES

Y la ciudad ahora es como un plano
De mis humillaciones y fracasos;
Desde esta puerta he visto los ocasos
Y ante este mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
Me han deparado los comunes casos
De toda suerte humana, aquí mis pasos
Urden su incalculable laberinto.

Aquí la tarde cenicienta espera
El fruto que le debe la mañana;
Aquí mi sombra en la no menos vana

Sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
Será por eso que la quiero tanto.

J. L. Borges



Desde hace tiempo ya, la vuelta desde Buenos Aires en la Costera camino a casa tiene unos tintes de melancolía acuarelable; de repente los ojos se me llenan de un vapor condensado, de un brillo que esconde nostalgias, pesadumbres, recuerdos, y un sentimiento extraño de soledad y distancia, de estar alejándome y volviendo nuevamente a este otro lado del tejido.

Buenos Aires se ha vuelto para mí mucho más que un buen lugar para estar, sino un cofre donde guardo mis más preciados momentos, sí, aquellos! los mismos que me emocionan cuando miro hacia afuera del micro apoyando mi cabeza sobre la ventana contemplando la hermosura del río, la inmensidad del mar y del océano junto a la frialdad de las nubes y el crudo cemento de la autopista. Es el sentir mismo de momentos pasados, de estar tejiendo un destino diferente en una ciudad diferente, especial.
Es cierto, cada vez me cuesta mucho más desapegarme de las grandes avenidas, de las plazas llenas de verde, de las subidas y bajadas, de los subtes y los trenes, de los cruces abarrotados de gente, del aire cosmopolita, de los afectos y mis recuerdos. Así como lo describe Borges, Buenos Aires se está convirtiendo en un espejo de mis aciertos, de mis fracasos y humillaciones; quizás sea el espanto, o no, pero lo que sé es que, indudablemente, sea cual fuere el motivo, la quiero y la extraño cada vez un poquito más.

27 jul 2008

Reiré.

Tranquilo, no todo es como parece. No todo es como creés que es. No todo es tan negativo, ni tampoco tan pésimo. Dejá lugar a las cosas lindas. No te empecines en pensar en lo malo, en lo difícil, en lo complicado, en lo desafortunada que es la vida. No todo es como creés que es. No te dejes embargar por sentimientos crueles que no le hacen bien a nadie, ni a vos ni a los demás. Dejá de fijarte en la desdicha, no vale la pena. Detenete en lo que tenés, aunque sea poquísimo, aunque creas que a nadie le gustaría estar en tu lugar, aunque veas que todo sale mal, que no podría ser peor, aunque percibas una mala racha, aunque no todo se dé como querías o como lo tenías pensado, aunque pasen cosas que te quiten el ánimo, que te enojen y que te dejen con bronca en las venas; no hagas caso, todos tienen momentos y momentos. Tranquilo, ya vendrán tiempos mejores.

El que ríe último, ríe mejor.

24 jul 2008

aah!

Ayer sentí el verdadero peso que tiene llevar algo así como una especie de doble vida, y desde ese entonces el tema no deja de retumbar en mi cabeza. Tengo todas las palabras amontonadas entre la lengua y el paladar, pero están tan agolpadas y pegoteadas una con la otra que me es difícil decirlo todo. Ahora es mejor callar.


20 jul 2008

Distancia.

" [...]-Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!
Y rió nuevamente.
-Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada..."

El Principito, Antoine de Saint Exupéry



Hay tantas cosas que podría decir en un día como hoy en que se percibe esa especie de ánimo festivo, esa cálida sensación de bienestar incomprensible, ese extraño modo de ver las cosas de otra manera. Hace unos pocos días nomás me di cuenta que todo eso que se puede percibir tan fácilmente y atropelladamente en este día no es nada de eso y es todo eso y mucho más todo junto; es algo tan importante y esencial que de tan sólo nombrar la palabra se nos estruja el cuerpo y el pecho se nos ensancha, se entibia el corazón y se calman los bullicios internos; no se percibe más que ese no sé qué en el aire, es simple, no es más que amistad. Descubrí entonces que la amistad es tan indispensable para sobrellevar los días y la vida misma, que resulta ser aquello más importante después de la familia, aunque a veces la supera, incluso con creces.

La amistad es algo tan difícil de explicar, yo diría que es una de las raras formas que tiene el amor, aunque mucho más complicado. Lo que no puedo desmentir es que es tan necesaria como el agua misma, o como el aire que respiramos. Me pregunto, de qué serviría vivir sin amistad!?, ya lo decía Cicerón al afirmar que la vida no es vida sin amigos, explicando que si un hombre cualquiera subiera al cielo y contemplara la naturaleza del universo entero y la belleza de los astros azules, la maravilla de tal visión no le daría, como debiera, la más intensa felicidad, más bien le daría un disgusto, porque no tendría a nadie para contárselo.

Es así, los amigos nos dan sentido, nos brindan apoyo, exterminan las preocupaciones o las alivian, nos permiten crecer y entendernos, calman tempestades y reproducen alegrías, hacen que todo parezca más fácil o aunque sea menos imposible; por eso en el post anterior (y recién ahora lo entiendo) escribí sin darme cuenta y casi inocentemente ' siento que pertenezco, que soy y que tengo', era eso mismo, la estaba percibiendo, sentía que se me estrujaba el cuerpo y se sentía bien. Me sentía repleto de amistad y no lo cambiaría por nada.

En mi vida he tenido la oportunidad de conocer a muchísimas personas, de todas clases, tipos, índole y naturaleza, y muchas fueron o todavía siguen siendo mis amigos. Pero lo que es cierto es que me costó mucho dar con aquellas que realmente valieron y valen la pena, y fue difícil toparme con aquellas a quienes considero verdaderamente mis amigos. El título de este post hace referencia directamente a la relación con mis amistades, ya desde chiquito, cambiando de provincia en provincia la distancia se fue apoderando de mí e fue alejando y dejando amistades por aquí y por allá, repartidas por todos lados, dejando lazos a la distancia. Cuando empecé este blog, y en varios otros post, la sensación de no tener amigos fue muy fuerte; en realidad tenía como todos, porque en verdad ahí estaban, pero al no poder contarles lo mío, ni hacerles saber quién era yo realmente, la amistad nunca llegaba a completarse ni a consolidarse de tal manera que pudiese percibir que la tenía. Pasó el tiempo y las relaciones cambiaron, mis amistades se fueron completando solas sin tener que revelar la denominada 'confusión', y aparecieron personas nuevas (nunca terminan de aparecer!) que realmente cambiaron mi vida. Muchos de ellos hoy en día están lejos, y me gustaría que supieran que me hubiese gustado enormemente haber pasado este día junto a ellos (y todos los demás también), pero que aunque la distancia geográfica que nos separa sea inmensa (o no tanto) siempre estarán aquí cerca, al lado de la almohada o sentados en mi corazón. De pequeño, sobre todo durante esas largas mudanzas donde tuve que volver a empezar de cero varias veces, si me sentía solo, tenía una rara costumbre: salía al patio de noche, y así como estaba me ponía a contemplar las estrellas pensando que mis amigos también las miraban y de ese modo los podía tener bien cerca mío.

Sé que muchos de mis amigos no están ni enterados de la existencia de este blog, otros pasan y otros ya se olvidaron, pero si alguna vez lo leen sepan que los quiero muchísimo, que los tengo siempre presentes (aunque a veces no lo parezca), que haría y daría lo que sea por ustedes (si, por vos amigo!), que muchas veces cometo errores pero es junto a ustedes con quienes puedo corregirlos, y que les debo mucho porque gracias a ustedes he podido superarme y ser, en gran parte, lo que soy ahora.

En este día tan especial, el día del amigo, me gustaría agradecer a todos aquellos que me han soportado desde chiquito o desde hace unos meses o días; a todos aquellos que estuvieron, que están y que seguramente estarán por mucho tiempo más; a aquellos nuevos o a los de siempre; a todos ellos, mis amigos, GRACIAS y ¡FELÍZ DÍA DEL AMIGO!.

[...y al diablo la fucking distancia!]

13 jul 2008

Son sensaciones.

Me fue inevitable reprimir esa lágrima que se hinchaba en el ojo y que en el momento justo donde pasaba esa canción por los auriculares y retumbaba en mi cabeza junto al ruido que hacía el aire acondicionado del micro que nuevamente me llevaba de vuelta a casa, derribó la vergüenza a ser descubierta resbalando por la mejilla de aquel que no supo contenerse. Fue inexplicable; sería la noche que caía sobre la autopista o las luces confusas de postes fríamente artificiales y de estrellas ardientes las que infundían en mí esa extraña sensación de estar haciendo lo correcto, de ir por un buen camino, o al menos de sentir que algo está yendo bien; son sensaciones, ay si fueran certezas!.

Fue de felicidad, de sentirme bien , de darme cuenta de que pude (y puedo) superarme o inclusive sorprenderme a mí mismo. Da vértigo si me pongo a pensar más que un breve momento en esas pequeñas grandes cosas que se han sucedido en estas semanas. Hay muchas cosas que se cuelan en la garganta, que empujan contra sus mismísimas paredes pegajosas, que me oprimen la voz y no dejan más que sollozos que rasgan el aire.

Estoy lejos de todo pero a la vez tan cerca que tengo que pellizcarme para darme cuenta. Lentamente voy sintiendo que pertenezco, que soy y que tengo; no hay nada mejor que sentirse así, sin mayores preocupaciones, aunque las hay (por eso lo de 'mayores') y podrán, a su debido momento, ser tratadas y talvez resueltas.

El micro seguía su sabido camino sin saber que llevaba dentro a alguien, a una lágrima y un puñado de sueños a punto de ser descubierto. Me está pasando algo y creo que es bueno. Veremos si el tiempo me acompaña o dice lo contrario.


-> La canción que pasaron por la radio es justamente un tema que me trae tantos recuerdos, tantas horas en el piano, tantas emociones que fue inevitable pensar todo esto. En este caso la letra no tiene nada que ver (eso es lo que creo), nada más fue la melodía la que me trajo tales sensaciones...

Trouble - Coldplay



[¿Dónde estás que no te encuentro?]

12 jul 2008

Amor Gay

Por Arturo Pérez-Reverte

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminando por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyando discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verde-gris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los vi cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuántos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.


[Hermoso escrito del inigualable Arturo Pérez-Reverte que describe con gran maestría y sutileza aquello que de alguna manera deseo o aspiro, sería así como un gran y enorme (como también utópico) sueño poder estar con esa persona atravesando los puentes que se abren paso a través de la idílica Venecia. Esperemos que todos puedan llegar a entender, así como lo hizo Pérez-Reverte, que el amor gay es igual a todos los amores, no es ni más alocado, ni menos decoroso, ni más promiscuo, ni menos honrado, ni más extravagante, ni menos moderado, ni más bueno o menos malo que cualquier otra clase de amor sobre la Tierra. En estos momentos que me cuestiono tanto mi futuro, cómo será mi vida el día de mañana y si esa (o ésta) es la vida que quiero, me haría mucha falta hablar con alguien (ven Pérez-Reverte) que pueda aclarar un poco la niebla que empaña el pensamiento y que disipa las escasas certezas que detento.]

[ Este texto es cortesía de Dami (gracias!) y dado a conocer por Pe (gracias también!) ]

11 jul 2008

Entre los míos.

Ayer fue un día salido de la rutina, aunque, lo acepto, me gustaría que pasase a formar parte de ella. Fue un día en Buenos Aires, que como siempre empieza con un par de mensajes en el celular y el suscesivo micro hacia Retiro. Siguió con el tan esperado (por lo menos yo lo esperaba) encuentro con mi mejor amigo (cuando vos me lo dijiste ahí sentado en esa mesita al lado de la escalera como antelación al 'secreto', mi cara entera sonrió, hasta las orejas sonrieron) y el almuerzo. Pasadas unas horas fuimos al encuentro de otra persona a la que todavía no conocía y que me sorprendió muy favorablemente ;-) . Por vez primera, después de mucho tiempo me sentí verdaderamente y realmente a gusto en un grupo de amigos, porque con ellos no debí ocultar nada, no tuve que disimular ni siquiera caretear alguna situación o comentario. Me sentí entre los míos. Me sentí libre, suelto, cómodo, en fin se podría resumir en que me puse contento.
A modo de título informativo tengo el agrado de comunicarles que también ayer me enteré que promocioné las tres primeras materias de una larga carrera, lo que implica la entrada en vigencia total y completamente de mis correspondientes vacaciones. Esto hizo que me sintiera aún más contento, aunque en realidad me sentía más feliz por lo otro que por haber aprobado. Si hubiese desaprobado no habría importado, total estaba con dos personas geniales, pasándola realmente bien.
Contra todos los (mis) pronósticos el día resultó ser fantástico, ya había tenido varias juntadas con otros amigos en la semana y realmente lo de ayer no se asemejó a ninguna de ellas. No fue por la cantidad de cosas que hicimos, sino esos pequeños paseos, momentos, charlas y comentarios que (una vez más) me hicieron sentir que estaba entre los míos.
Extrañamente dejé de sentir esa terrible necesidad de encontrar a ese alguien. No me puedo entender. Trato de imaginarme la razón pero no llego a algo más o menos coherente. Es así, no siento esa necesidad apremiante, ese deseo desmedido que me atosigaba y me abordaba antes. Lo que no quiere decir que no lo busque o que no me guste estar con alguien, todo lo contrario, pero es cierto que ya no es más algo que me persiga y me atormente; si viene bien, sino también. No sé cuánto me durará esta sensación, esa falta de necesidad, quizás semanas, días, dos horas, no lo sé, pero ahora lo siento así, y no me parece que esté mal.
Ayer entendí que existen muchas formas de sentirse bien, de sentirse completo, o aunque sea menos solo. Ayer me sentí bien y me quedé con ganas de más. Será la próxima, y espero sea pronto.

[Gracias amigo confidente por el día tan lindo que pasé ayer! gracias a los dos, por hacerme sentir tan tan TAN BIEN. Espero que sea el primero de muchos encuentros más :). Hasta la próxima!]


7 jul 2008

Hoy mi blog está de luto.

Seguramente es una etapa cerrada, o no hay más ganas, no hay más tiempo para lo de antes, hay tantas cosas, que se yo. No importa (o sí que importa), yo me acuerdo de como nació, y ahora me toca ver como desaparece. No hay más nada que decir. Este blog está de luto, y va ser difícil no extrañar.

Hoy este blog está de luto porque el rinconcito verde ya no está más entre nosotros. Lo voy a extrañar lo sé, aunque va a estar siempre siempre guardado en algún lugar de mi corazón.

4 jul 2008

Vacaciones, punto y aparte.

Ayer fue un día totalmente atípico: un viernes, el primer día de vacaciones y todo lo que trae aparejado dicha situación. El día jueves lo había terminado yendome a acostar a las dos de la madrugada, y el viernes me desperté a las seis a.m. (como un día cualquiera de facultad) con las grandes expectativas de ir a ver y escuchar a Petinatto a Plaza Moreno, donde supuestamente iba a estar trasmitiendo el programa de radio. Me levanté, me bañé, me cambié, desayuné, me cepillé, me calcé la bufanda al cuello y salí directo a la plaza. Cuando llegué me pareció raro ver que no había mucha gente, como lo ameritaba el caso, sólo estaba armado el escenario de la radio pero ni A de Petinatto y compañía. Escuchando la radio me di cuenta que no habían podido viajar por algunos motivos personales, pero igualmente a la tarde iban a tocar algunas bandas en el escenario.
Empecé el día con el pie izquierdo, mi primer día de vacaciones y había podido dormir menos de cuatro horas! Volví descepcionado a mi casa, eran las ocho, y como soy de esas personas que una vez que se despiertan no pueden volver a dormir me aboqué a descargar tensiones en la computadora. Había comenzado la mañana considerablemente feliz o contento, y a fin de cuentas 'descargar tensiones' terminó dándose vuelta y resultando todo lo contrario. Me puse desmedidamente ansioso, pesimista, casi patético. Es en esos momentos cuando mi cabeza no para de enrrollarse y enroscarse sobre si misma, lo que hace imposible pensar razonablemente, y las emociones y pasiones hacen de las suyas. Traté de pensar en blanco y de todo lo que iba a hacer en el día para relajarme un poco, hasta traté de dormir obteniendo como resultado una hora de Joaquín acostado en la cama con los ojos cerrados (dormir no, dormitar), pero la ansiedad seguía allí. Volvía a la compu intermitentemente como si fuese un acto reflejo, como una válvula de escape, hasta que en un instante mi conciencia se hizo presente:

"Ahora pará! Yo te dije que iba a ser difícil, o no? No exageres tanto! No todo es TODOS o NADIE, no todo es SIEMPRE o NUNCA, no todo es BLANCO o NEGRO, TRSTE o FELIZ, SUERTE o DESDICHA. Haceme el favor y callate."

Respuesta casi inmediata pero meditabunda de Joaco:
"Mejor le hago caso al subconsciente, que de vez en cuando tiene razón, y voy a tratar de no exagerar por un momento, ni de ser extremista, y me voy a callar (de nada gente). Estos últimos días fueron un suceder de altibajos, de escalas de grises, de montañas rusas que iban desde la mismísima plenitud a la desgracia misma. A veces uno compara y hace mal, sobre todo si la comparación parte de bases malas, lo único que uno logra es reparar solamente en las faltas y en las fallas propias y en las virtudes y logros ajenos, lo que lleva casi inevitablemente a un estado de ansiedad-bronca-pesimismo realmente IN BAN CA BLE! (para mí y para todo el rejunte de gente que está a mi al rededor). Yo no tendré algunas cosas (que son justamente las que anhelo más apasionadamente), pero tengo muchas otras cosas que me hacen ser lo que soy y que trataré de no perder nunca."

Logré poner los pies sobre la tierra y arranqué con la bici hacia natación. Estaba de malhumor, es cierto, pero nadar realmente me hizo bien, es casi como una suerte de depuración, te oxigena y uno puede pensar mejor todas las cosas. Hacía frío, y aunque la vuelta a casa se hacía cada vez un poco más engorrosa ya que empezaba a llover, no traté de acelerar con la bici, sino todo lo contrario. Llegué totalmente fundido, me dolía toda la espalda, pero todavía me esperaba una larga noche en una juntada con amigos y amigas de la secundaria. No había podido dormir nada, estaba algo cansado pero no me importó nada y salí a comprar ropa, lo que hice en muy poco tiempo porque no me alcanzaba el tiempo para bañarme y llegar a tiempo.
Encontrarme con personas que hace mucho no veía me hizo bien, y verme con otras que veo casi siempre también. Me enteré de muchas cosas de las que no estaba al tanto, y con algunas hasta quedé verdaderamente sorprendido. Supuestamente íbamos a salir pero la previa se alargó tanto que se decidió quedarnos en la casa haciendo de las nuestras. Hacia el final de la noche me fui sintiendo un poco triste por no poder contarles a mis amigos todo lo que me pasa, sentir que ellos ni se imaginan todo lo que me ha sucedido durante estos meses y pensar lo bueno que sería si lo supieran, o tal vez no. La cuestión es que mi cabeza empezó a maquinar otra vez ese tipo de pensamientos, y como ya no daba más del sueño aproveché que una amiga se iba en auto para que me dejara en una parada de micro. Estoy casi seguro que alguna vez a esa chica (que la quiero mucho) le voy a terminar contando, porque creo que me entendería y lo que es mejor, intentaría aconsejarme o por lo menos me apoyaría.
Una vez en la parada esperé un micro casi una hora, habré dejado la marca de mi rastro en el suelo de tanto caminar en círculos pensando y pensando y tratando de sacar conclusiones. Imaginé la manera en que le contaba a mi amiga lo que disimulo desvergonzadamente e intentaba de figurarme sus respuestas tratando de explicarle todo lo que le he ocultado durante estos años. Imaginé también otra situación con un amigo al que quiero demasiado, y con el que quiero verme, y eslabonando palabras en el aire intenté armar una explicación lo más coherente posible sobre lo que sentía.
En cierto modo las vacaciones por un lado lo alivian considerablemente a uno, por no tener que preocuparse por estudiar ni nada por el estilo; pero al correr el foco de atención de la facultad hacia otros temas que habían permanecido (sin querer queriendo) relegados y pospuestos, produce como consecuencia un cierto nivel de estrés que no es muy agradable que digamos. En fin, así pasé el tiempo de espera, caminando en círculos, solo, y pensando en el medio de la noche que hizo las veces de confidente, y el micro no llegaba. Hasta que me di por vencido y crucé hasta la remisería de la vereda de enfrente para pedir un auto y terminar con mi día viernes. Jamás cabeceé tanto en una vuelta a casa, nosé cómo no me quedé dormido en el mismo instante en que me dejé caer sobre el asiento trasero, desplomado y agotado.
La cama se sentía más acojedora que nunca, y mis ojos, que podrían haber derramado una vez más algunas gotas de su bálsamo salino, se mantuvieron secos; era hora de dormir, el día había sido largo y había algunos temas pendientes que consultar con la almohada.

3 jul 2008

(!)

¿Para qué cultivar la moral y el intelecto si al final todo el mundo se termina fijando en el tamaño nasal o bucal, la sedosidad capilar, la contextura corporal, la pigmentación ocular y/o dérmica?.


[Suelo exagerar, me compadezco de mí.]

1 jul 2008

Recuperando.

Stuck inside of mobile with the memphis blues again - de CAT POWER



El blog necesita un cambio, qué creen? Ya estos colores me aburren, las formas me aburren, esos links desactualizados aburreeeeen. Voos aburríiis!! CALLATE.

Quiero que esta vez sea diferente.
Mes nuevo, vida nueva? Nono, no lo creo, pero algunos detalles pueden arreglarse, corregirse, repararse y hacerse de nuevo. Etapa de transisión decís?, puede ser, no lo aseguro, pero todo puede pasar. A mí ya no me sorprende nada amigo.

¿Que si estoy bien?, ando en eso. Recuperando. Mientras escucho música de propaganda barata que encontré por ahí..