ninguna razón para que no quisiera,
y apartar lentamente la mano
y decirle que no, mejor no [...].
Lugar llamado Kindberg. Cortázar, J.
Habían pasado diez minutos exactos desde que la reiterativa alarma del insistente celular sobre el mueble de al lado de la cama lo había sacado de las profundidades de otro mundo abismal, tan verosímil como la mano que rabiosamente despertó también tratando de apretar urgentemente todos los botones, tanteándolos en la ya frágil oscuridad que cualquier amanecer precoz podría llegar a ofrecer de este otro (casi verosímil) lado del mundo. Mientras tanto la radio (o la televisión prendida) que se alcanzaba a escuchar desde la cocina pasaba música moderna.
La cama se hundió un poco a sus pies, alguien se había sentado y era Joaquín. Sí, él mismo sentado en su propia cama, a sus pies. ¡Despertate! que quiero que sepas algo. Parecía como si al otro Joaquín, el que estaba tratando de despabilarse, le costara empezar a creer lo que estaba sucediendo. Restos del sueño que todavía se le caían a pedazos quedaron arrinconados en el lóbulo occipital derecho, música moderna, surcos interminables y la almohada incrustada en la frente, ¡te podés despertar de una maldita vez!, alteración innecesaria de ánimos: ¿!QUÉ QUERÉS!?. Era como venido de otro mundo, quería hablar, y hablaron pero en la mesa del desayuno, mientras uno le ponía las dos cucharadas de azúcar correspondientes a los humeantes y espumosos cafés con leche, el otro trataba de arrancarle de la boca el porqué de tan inusitada aparición al mismo tiempo que preparaba la manteca y las tostadas y un poco de mermelada de naranja que tanto les gustaba.
Cuestión que todo ocurrió sin mucho revuelo, con qué firmeza hablaba éste, la madurez en las palabras, y que bien se veía sorbiendo de a poco el café como si le quemara la lengua, y las cosquillas aparecieron, y ya no era él sino ese otro, el de las noches de saturación carnal que a veces recordaba, nostalgia sumada a la música moderna de fondo más la persona que tenía enfrente sorbiendo y que no sabía quién era. ¿Sabés una cosa?, no sé quien sos, dijo Joaquín, sorbo al café y se le pegó la espuma, pero si soy VOS!, no te reconocés cuando me ves, sorbió pensante se le notaba la espuma, cuando TE ves!, mirá que hace años que vos y yo nos conocemos, que hablamos todos los días, que compartimos la pasta de dientes a la mañana y que a veces hasta reímos juntos, y se desquitaba con el cuchillo y la manteca y la tostada sufría los embates de Joaquín, y el otro seguía insistiendo, como la alarma de hace una hora, con sus sorbos y ahora le agregaba los mordiscos a la tostada rebosante de dulce de naranja, si hasta nos peleamos los domingos, no te das cuenta!, pero no entiendo, NADIE te entiende!, despertate, mordisco de uno mordisco del otro, mirada irreflexiva, sorbo al café humeante mordisco espuma sorbo sigue la mirada, es verdad que nos conocemos desde que naciste prácticamente pero.., la cuchara tembló al compás de los dedos tambaleantes que jugueteaban algo nerviosos golpeando la mesa sobre el mantel presintiendo que se avecinaba una gran verdad: NO TE CONOZCO.
La expresión de Joaquín la podía leer hasta la gata obesa que ahora maullaba como nunca reclamando su quinto plato del día y se unía junto a la música moderna sorbo mordisco pensamiento otro sorbo verdad gran. Es verdad Joaquín no se conocía, no llegaba a entenderse o por lo menos no se entendía porque no quería, o no aceptaba, cosquillas de nuevo, el otro pasó a ser el de la nostalgia, el de la saturación carnal nostálgica y de un momento a otro estaban caminando por la calle, cosquillas música moderna gata obesa maullando, Joaquín le clava una mirada fija, el otro risueño lo esquiva, a dónde vamos, a Italia por supuesto dónde más como a vos te gusta a pasear por las calles de Chiavari, mordisco sorbo blup. Decepción enorme, che qué pasa Joa, nada solo quiero tomarte la mano, el otro le agarra la mano y las cosquillas se vuelven un calor inmenso que le recorre todo el cuerpo absolutamente todo el maldito cuerpo. Ya no importaba el sorbo ni el mordisco ni el maullido ni Italia porque ahora el calor de la mano podía llamarse Italia, él podía llamarse Italia para mí, calor calor calor blup todo podía llamarse Italia con su mano calentita agarrada a la mía, calor de él de mano de Italia, me entendés?. Él era el único que lo entendía y lo había tomado de la mano, mordisco música moderna espuma gata maullido, él era el único, obesa humeante sorbo Italia sorbo, el único, mordisco calor despertate alarma reiterativa de celular insistente mano palpa oscuridad marcas surcos almohada pegada diez minutos la alarma que no se apaga: BASTA!
Un sueño más en la vida de Joaquín.
El único..





4 comentarios:
JOA!!! la verdad ME ENCANTO el post, me quede mas que enganchado, hermoso, lleno de imagenes para mi, lo lei mientras escuchaba musica francesa y fue un momento magico.
GRACIAS por el momento :D
Abasho!
che me encantó. podrías pulirla sacándole algunos adjetivos y adverbios -mente sobretodo en el primer parrafo; pero me gusta mucho, felicitaciones! tkm!!
guau... que buen escritor que sos!!!
me encanto tu estilo... mas o menos coincido con pedrin. pero en mi caso seguro te molestara que te corrija la puntuacion.
es que me quedo eso de hace un par de años, lo unico bueno de la profesora de lengua...
XD
No son errores de puntuación! es así, creeme. Después te explico manu ;)
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