26 mar 2009

De momentos fugaces.

Mis ojos estaban clavados en la nada y las ráfagas de viento que entraban por la ventanilla abierta del colectivo me pegaban en la cara sin molestarme en lo más mínimo. Mientras volvía a mi casa el sol terminaba de ocultarse y las sombras sobre el cemento de los edificios y el asfalto de las calles se hacían cada vez más grandes y pronunciadas. Me era inevitable no pensar en todo lo ocurrido, y sin embargo era como si al mismo tiempo no pensara en nada. Un dejo de tristeza en la mirada sorprendía a cada uno que subiese al colectivo y me mirase aún de soslayo.
Había hecho algo por vez primera, es decir, algo que no había hecho nunca antes. Todavía tenía su olor impregnado en mi ropa, en el pelo, hasta en la boca misma. Todavía recordaba la música de fondo y la tarareaba casi infantilmente. Me sentía a gusto, pero al mismo tiempo extraño. Cuando uno no sabe si lo que hizo está bien o está mal, el sentimiento de extrañeza te consume todo el cuerpo y un poco de tristeza aparece asomandose por sobre los ojos.
Se trata de romper moldes, algunos dicen, pero a veces el molde no queda del todo roto y uno queda más roto que el mismo molde.
En una hora y pico me sentí más acompañado, más comprendido, más querido y también más deseado que en todo un mes entero (o más). Todo se sucedió tan rápido que el mate había quedado atrás (aunque todavía podía llegar a percibirlo y adivinarlo dentro de su boca), y mis brazos se entrelazaban con los suyos, enroscándose y entreverándose al mismo tiempo que me permitía dejar todo al azar, y dejarme llevar por mis sentidos.
Lo que ocurrió después debe ser tan común para la mayoría que no es necesario entrar en detalles, y si lo fuera, permítanme el atrevimiento de guardármelos para mí.
Seguramente que antes de despedirnos ya se me notaba algo en los ojos, porque su saludo estuvo acompañado de una mirada casi melancólica y de la pregunta de si estaba todo bien. Lo estaba, creo, y no tardé en dar la vuelta y caminar hasta la parada del colectivo que me llevaría de vuelta a casa.

Extraño. Alguien me dijo que todo ésto es normal, aunque nosé si me gustaría que se volviese una normalidad para mí. Es algo tan fugaz (abrazos fugaces, besos fugaces, cariño fugaz, casi como una realidad pasajera, momentánea, efímera y fantástica), que si uno se queda sólo con eso, es casi inevitable no desembocar en el más grande de los vacíos. Quizás me sentía atropellado por la vacuedad que llegaba a entrever en mi futuro, no lo sé.

Extraño, sí, así me siento. Tal vez tendré que dejarme moldear por la costumbre, rompiendo mi molde anticuado y añejo; o todo lo contrario, vivirlo como un episodio especial, singular y particular, que nada tiene que ver con lo que me pase de ahora en más en este camino que he empezado a andar hace mucho y que creo jamás tendrá final.

3 comentarios:

markitoxxx dijo...

No se si estoy muy de acuerdo con que es "romper moldes" es decir, no tiene porque haber moldes en tu vida, vivi las cosas y disfrutalas a su tiempo y en su medida, se feliz y sentite bien, mientras no lastimes a nadie y no te lastimes a vos mismo, todo estara bien.
Cada uno vive los momentos especiales de su vida de una manera especial, cada uno los maneja internamente diferente, cada uno es el unico responsable de buscar su felicidad cueste lo que cueste, el secreto esta en ser feliz y no lastimar a nadie a proposito.
Disfruta la vida, cuidate, se feliz, todo nos ayuda a madurar y formarnos a nosotros mismos, cada evento en nuestra vida tiene sus aspectos positivos y negativos, hay que saber disfrutar de los primeros y aprender y madurar los segundos, no hay reglas, no hay moldes, no hay cosas bien o mal, tu vida es tuya y no te queda otra... V I V I L A...

abasho
;)

Joako dijo...

Coincido con markitoxxx en que no hay moldes o patrones que seguir. Es difícil ponerlo en práctica, lo sé, porque desde que nacimos hay una sociedad entera llenando nuestra vida con esos moldes.

Y luego, cuando ya no se trata de moldes, y a veces las cosas siguen pareciendo confusas, creo que hay que fijarse si uno está haciendo que la información pase por el lugar que le corresponde. Muchas veces intentamos razonar con el corazón o sentir con el cerebro. Otras veces queremos hacer de una necesidad corporal una experiencia amorosa.

Cuidado en que el tránsito vaya por la avenida que corresponda, o sino las cosas parecen no tener sentido. Sintamos sentimientos, pensemos ideas, amemos seres, disfrutemos cuerpos.

Éxitos,
Joako.

Tincho dijo...

Joako... creo que probaste una de las cosas mas lindas... y es sentir la quimica con alguien... sumandole la piel y las buenas charlas...
disfruta mucho vivir estos momentos de placer... y anda dejando que las cosas fluyan por si solas...
abrazo