Siempre dije que este blog era principalmente para desahogar las penas y para descomprimir un poco lo que tenía tan guardado dentro mío. Desconozco verdaderamente si se debe a so mi alejamiento, quizás no he tenido la necesidad de desahogarme por la simple razón de que me estoy tomando todo un poco más tranquilo, aunque 'tranquilidad' signifique para mí 'dejar pasar las cosas', y sinceramente no sé si es lo más conveniente. Estirar, alargar, aguantar hasta más no poder; esas no son soluciones para nada, sino todo lo contrario, generalemnte terminan empeorando cualquier situación, haciéndola aun más problemática.
Qué puedo decir, así estoy, y es en esa tranquilidad en la que me muevo y la misma que hace que me moleste hacerme ciertos cuestionamientos, o que me incomode tocar algunos temas.
Hace poco el archi famoso (jajaj) Alan Afuera me concedió y realizó una entrevista en la que de entre varias preguntas me hizo aquella que tiene que ver con pensar en un sueño, como una suerte de deseo. Me salió del alma: mi deseo sería vivir felíz conmigo mismo y con los demás, y que los demás vivan felices conmigo. Es un deseo a medias, porque puedo decir que está parcialmente cumplido, felíz con los que me rodean o con los de más allá, y viceversa también, aunque realmente nisiquiera es así. Pero no sería del todo lógico decir eso cuando sé que se sienten felíces por un Joaco que creen que es o siente de una manera, y que en verdad es de otra. Lo que sucede no es conmigo, es con el otro, con el aparentemente 'tranquilo' (que estira, alarga, aguanta). Esos dos viven acercándose, aproximándose hasta casi tocarse y luego se separan. A veces tengo la sensación de que yo mismo quiero ser ese otro, y otras tantas veces que aquel otro quiere poseerme. Creo que yo mismo me estoy poniendo a prueba, para saber hasta dónde puedo llegar así como estoy, hasta dónde soy capaz de llegar estirando algo que en algún momento no va a resistir más y se va a explotar.
El sueño no terminaba ahí, y no sé porqué Alan prefirío acortarlo, pero en realidad yo había hecho mucho más énfasis en otra parte del sueño. Pedía y deseaba principalmente que sea lo que sea, sintiera lo que sintiera, quisiera a quien quisiera, nunca iba a ser más o menos igual que otro. Pedía algo tan simple como la igualdad entre todos. Sobre todo me refería a la igualdad de oportunidades, lo que implica dejar todo tipo de discriminación de lado.
Si tuviera la seguridad de que ser de tal o cual manera no me hiciese menos igual que cualquier otro, seguramente la sociedad nos miraría de otra manera, yo me miraría de otra forma, y posiblemente no existirían ni mi blog, ni el de Alan ni el de tantos otros.
Estamos en un mundo que se vanagloria de igualdades e igualitarismos, pero no se percata que no tratar igual a la más mínima e insignificante minoría en relación al resto y a todo lo demás, es lo mismo que si no fuera igual con ninguno y más aun si esa 'minoría' no es tan insignificante, como se supone, con el agravante de que muchos se encuentran agazapados y expectantes dentro de la 'gran' mayoría.
Parece mentira que a esta altura de la historia de la humanidad haya que estar pidiendo y reclamando algo tan básico y fundamental como la igualdad.
Ojalá mi deseo deje algún día de ser lo que es, un complicado anhelo, para convertirse en la más simple (y bella) de las realidades.
Qué puedo decir, así estoy, y es en esa tranquilidad en la que me muevo y la misma que hace que me moleste hacerme ciertos cuestionamientos, o que me incomode tocar algunos temas.
Hace poco el archi famoso (jajaj) Alan Afuera me concedió y realizó una entrevista en la que de entre varias preguntas me hizo aquella que tiene que ver con pensar en un sueño, como una suerte de deseo. Me salió del alma: mi deseo sería vivir felíz conmigo mismo y con los demás, y que los demás vivan felices conmigo. Es un deseo a medias, porque puedo decir que está parcialmente cumplido, felíz con los que me rodean o con los de más allá, y viceversa también, aunque realmente nisiquiera es así. Pero no sería del todo lógico decir eso cuando sé que se sienten felíces por un Joaco que creen que es o siente de una manera, y que en verdad es de otra. Lo que sucede no es conmigo, es con el otro, con el aparentemente 'tranquilo' (que estira, alarga, aguanta). Esos dos viven acercándose, aproximándose hasta casi tocarse y luego se separan. A veces tengo la sensación de que yo mismo quiero ser ese otro, y otras tantas veces que aquel otro quiere poseerme. Creo que yo mismo me estoy poniendo a prueba, para saber hasta dónde puedo llegar así como estoy, hasta dónde soy capaz de llegar estirando algo que en algún momento no va a resistir más y se va a explotar.
El sueño no terminaba ahí, y no sé porqué Alan prefirío acortarlo, pero en realidad yo había hecho mucho más énfasis en otra parte del sueño. Pedía y deseaba principalmente que sea lo que sea, sintiera lo que sintiera, quisiera a quien quisiera, nunca iba a ser más o menos igual que otro. Pedía algo tan simple como la igualdad entre todos. Sobre todo me refería a la igualdad de oportunidades, lo que implica dejar todo tipo de discriminación de lado.
Si tuviera la seguridad de que ser de tal o cual manera no me hiciese menos igual que cualquier otro, seguramente la sociedad nos miraría de otra manera, yo me miraría de otra forma, y posiblemente no existirían ni mi blog, ni el de Alan ni el de tantos otros.
Estamos en un mundo que se vanagloria de igualdades e igualitarismos, pero no se percata que no tratar igual a la más mínima e insignificante minoría en relación al resto y a todo lo demás, es lo mismo que si no fuera igual con ninguno y más aun si esa 'minoría' no es tan insignificante, como se supone, con el agravante de que muchos se encuentran agazapados y expectantes dentro de la 'gran' mayoría.
Parece mentira que a esta altura de la historia de la humanidad haya que estar pidiendo y reclamando algo tan básico y fundamental como la igualdad.
Ojalá mi deseo deje algún día de ser lo que es, un complicado anhelo, para convertirse en la más simple (y bella) de las realidades.





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